Rubén Padrón Garriga  | 

El curso recientemente culminado en el ICIC Juan Marinello sobre la vida y el pensamiento revolucionarios de Antonio Gramsci, organizado por la cátedra que lleva su nombre, buscó rescatar al pensador italiano, no para repetir de memoria, sino para leer las contradicciones, interpretar, hacer, completar, contribuir a la tarea de concluir la Revolución en Cuba y en América Latina y el Caribe.

Con este mismo objetivo, y para poner en diálogo algunas de las temáticas tratadas, conversamos con su profesor Dayron Roque Lazo[i]; quien trae al ruedo las aristas, concepciones y presupuestos más polémicos de esta figura indispensable dentro de las ciencias sociales.

¿Por qué, a la altura del siglo XXI, considera necesario recuperar el pensamiento de Antonio Gramsci?

En primer lugar porque las condiciones objetivas que dieron posibilidad a que surgiera y se desarrollara su pensamiento en el primer tercio del siglo XX no han desaparecido, al menos en términos estructurales. El capitalismo de inicios del siglo XXI se parece mucho al de hace un siglo, e, igual que entonces, sigue buscando salidas a su permanente crisis, directamente fascista o por el convencimiento.

En segundo lugar es importante destacar que Gramsci es un pensador comunista secuestrado por la derecha y olvidado por la izquierda en algunos momentos. Desde la tradición marxista nuestra es imprescindible rescatarlo, porque ese olvido tuvo que ver —entre otras causas— con los choques de su proyección ideológica contra el estalinismo, que no son sólo los crímenes de Stalin.

¿Cuáles de sus presupuestos ideológicos y teóricos pudieran considerarse obsoletos, y cuáles tienen vigencia en el contexto actual?

El pensamiento de Antonio Gramsci es un sistema del que es imposible desprender pedazos para ver si tienen mayor o menor vigencia. Teniendo esto en cuenta, hay análisis concretos de Gramsci que pudieran parecernos desfasados hoy. Por ejemplo, en Americanismo y Fordismo, viviendo hoy en la época post-fordismo, las respuestas de este trabajo pudieran parecernos superadas, pero son vigentes las preguntas. La potencia de su pensamiento está en las interrogantes, en particular dos que vienen a ser centrales: ¿Cómo funciona el sistema capitalista? ¿Cómo se puede destruir este sistema? A partir de eso, hay un subconjunto de interpelaciones que no han perdido ningún sentido en la actualidad.

Claro, siempre encontrarás algunos elementos que no concuerden. Él tuvo la honestidad como científico social de reconocer al inicio de sus cuadernos «estas son mis impresiones e hipótesis sobre la realidad que estoy analizando, pero puede ser que cuando se contraste con la realidad los resultados difieran con lo analizado». Por eso puede decirse que Gramsci es un pensador de la contemporaneidad a partir de sus cuestionamientos, y, más allá de la respuesta concreta, la manera en que trató de responderlos.

Antonio Gramsci ha sido una figura muy controversial, hasta dentro de algunos partidos comunistas que, en determinado momento, lo tildaron de «revisionista» por su lectura a los clásicos del marxismo y el leninismo. En su opinión, y según lo debatido en el curso, ¿A qué se debió esta marca categorial sobre su pensamiento? ¿Cuáles pudieran ser sus aportes a las lecturas del marxismo y leninismo? ¿Qué limitaciones se evidencian en su obra, en este sentido?

La marca de revisionista tiene que ver con la época. Gramsci además de pensador fue un dirigente que tuvo que enfrentarse al lado áspero de la política en las filas de su propio partido. Eso le creó un sector enemigo de sus compañeros que luego tuvieron una influencia en cómo luego se divulgó su obra.

Hay otro elemento importante, cuando Gramsci cae preso, está ascendiendo Stalin en la URSS. Él tiene una visión de crítica sobre ese proceso que incluye a Stalin y Trotski. Se dio cuenta que esas acciones iban a tener, no solo un costo para la URSS, sino para todo el movimiento revolucionario internacional. Pero no fue escuchado, de hecho, la carta en la que él escribe, su compañero Palmiro Togliatti no la entrega al buró político del Partido Comunista de la Unión Soviética porque es consciente de su carácter subversivo.

Por otro lado, la Internacional Comunista en 1928 da un giro que identificaba como social-fascista todas las fuerzas del capitalismo como si fuera un bloque más o menos homogéneo. Gramsci también fue crítico con eso, incluso, estando en la cárcel.

Ahí parece el germen de por qué es acusado de revisionista, porque no concordaba en todo con la línea oficial que venía de Moscú. Cuando termina la Segunda Guerra Mundial y se dan a conocer sus primeros escritos su editor es precisamente Palmiro Togliatti, quien fuera su compañero de partido. Él, aprovechando que los cuadernos eran monólogos escritos de forma dispersa, en la selección que hace, omite determinados aspectos que resultaban lesivos a la versión ortodoxa del marxismo.

Gramsci tiene una crítica extraordinaria al Manual de Sociología de Bujarín que quedó mutilada en esa edición. Porque, aunque después de 1956, en el XX Congreso del PCUS se denunció el estalinismo, en la práctica, sólo significó quitar a Stalin del Kremlin. Pero todo el entramado ideológico que significaba quedó casi intacto. Entonces esa marca está dada porque es un pensador muy subversivo, no solo del capitalismo, sino de esa visión dogmática del socialismo.

En cuanto a los aportes a las lecturas del marxismo y el leninismo, está su interpretación en la misma plataforma epistemológica en la que fueron concebidos, desde la Teoría Crítica. No es un análisis de manera abstracta y ahistórica sino lo toma justamente en relación al mundo en que fueron producidos. Frente a una concepción que plateaba el marxismo ya codificado dentro de los manuales, él destacó su evolución en medio de contradicciones y un mundo con un aporte cultural. Por otro lado, intenta completar las cuestiones para las que Marx o Lenin no podían tener respuestas y atemperarlas a la sociedad occidental europea.

Por eso puede decirse que las limitaciones más que en su obra están en las interpretaciones de otros. Pues han querido extraer textualmente sus análisis en un momento determinado de forma mecánica. Por eso la insistencia de leernos a Gramsci por Gramsci.

El concepto de intelectual orgánico ha sido ampliamente estudiando en las ciencias sociales. En la era actual, con una sociedad cada vez más compleja, globalizada, y el surgimiento de nuevas tipologías institucionales y formas de ejercer el trabajo intelectual. ¿Cuáles serían los intelectuales orgánicos y no orgánicos? ¿Qué papel juegan ambos en las revoluciones sociales y la evolución de la relación sujeto-poder?

Lo primero es declarar que la concepción de intelectual orgánico ha sido objeto de varias «manos de pintura» que han solapado lo que dijo el filósofo italiano. Se ha hecho sentido común que los intelectuales orgánicos son los intelectuales revolucionarios o «intelectuales buenos». Pero Gramsci dice que intelectual orgánico es todo el que se hace orgánico a una clase social determinada, y, aunque se sientan alejados de ella, su trabajo intelectual le rinde fruto. Por tanto, hay intelectuales orgánicos de la burguesía como los hay en las clases subalternas.

Además, no son sólo los que se dedican a producir filosofía reflexiva a la clase social a la que están ligados orgánicamente, hay otros grupos de personas que en las sociedades tienen esa función, desde los obispos de las iglesias hasta los arquitectos de las ciudades.

Por eso no creo que se deba hablar de intelectual orgánico y no orgánico, sino de nuevos intelectuales que puedan surgir de las clases subalternas. En este sentido, habla de la importancia de convertir a los eruditos de la burguesía en nuevos intelectuales, con la actividad práctica de un movimiento revolucionario articulado, organizado, consciente y culto al que le da nombre de Partido o Príncipe Moderno.

Su diferenciación principal está con los intelectuales tradicionales, que son los habitualmente conocidos, escritores, artistas, filósofos…, pues él cree que todos los seres humanos pueden pensar y crearse una cosmovisión del mundo, ahí se incluye al obrero o el campesino, a quienes, de forma habitual, no se le considera como intelectuales. Gramsci recalca la importancia de que todos se convencieran de esto, porque haría práctico el ejercicio de pensar, el cual resulta tan caro al movimiento revolucionario. Esto no significa que se piense lo mismo o que los niveles de conocimientos sean equivalentes.

Por tanto las categorías serían intelectual tradicional, intelectual orgánico, intelectual colectivo, y lo importante es saber cómo se van transformando unos a otros.

El tema final del curso plantea relecturas de Gramsci en Cuba hoy. Según la experiencia y los amplios debates que surgieron sobre esta cuestión. ¿Qué aportes de su obra pudieran enriquecer un análisis de la Cuba actual? ¿Qué preguntas pudieran formularse, bajo la sobrilla de su pensamiento, para entender la realidad cubana de hoy y mañana.

Los aportes parten, en primer lugar, de regresar las interrogantes gramscianas. ¿Cómo funciona el Estado burgués? que se puede transportar, en el caso de Cuba, a ¿cómo funciona el estado cubano? ¿Cómo funciona el bloque histórico que se ha conformado en Cuba tras cuatrocientos años de colonialismo, sesenta años de república neocolonial burguesa y sesenta años de Revolución? ¿Cuáles son los intelectuales orgánicos del bloque actual? ¿Cuáles son los de la Revolución y cuáles de la reacción? ¿Cómo han sido las migraciones de unos a otros?

Otros de los aportes puede ser considerar el factor histórico y hacer análisis de casos. Además, buscar en el socialismo, o lo que se llama transición socialista, cómo funciona la dominación. Está claro que el régimen cubano —en el sentido sociológico— no se mantiene mediante la fuerza, ni mediante el consentimiento puros, ni salomónicamente la fórmula es «consentimiento + fuerza» si bien existen mecanismos de reproducción de la hegemonía que combinan ambas.

Entonces otras preguntas podrían ser ¿Cómo se podrán extinguir, en la transición socialista, los mecanismos de coerción en aras de una sociedad superior? ¿Cómo funciona el sentido común en Cuba hoy? ¿Cómo la filosofía se convierte en sentido común? ¿Cuánto terreno gana el sentido común conservador? Esto no es un tema metafísico o abstracto, en los propios debates de la Constitución se revelaron las costuras de determinadas concepciones del sentido común que pueden ser muy peligrosas y van, desde la relación entre las personas —con lo del matrimonio igualitario—, hasta el papel de la propiedad privada y el Estado.


[i] Licenciado en Educación Primaria Maestría, Master en Didáctica de las Humanidades y Doctor en Ciencias Pedagógicas