Rubén Padrón Garriga  | 

El pasado 17 de diciembre comenzó Primer Taller, Hacer y Pensar la Revolución, organizado por la cátedra Antonio Gramsci del ICIC. El espacio sirvió como reinauguración de la Cátedra fundada por Fernando Martinez Heredia y se socializaron un grupo de resultados investigativos y reflexiones a posteriori, de sus integrantes e invitados especiales

En la mañana Elena Socarrás de la Fuente y Esther Pérez Pérez ofrecieron las palabras inaugurales en las que destacaron la necesidad de ver la Revolución Cubana como un proceso complejo, por lo que es necesario contar sus historias sin maniqueísmos, lugares comunes, mutilaciones o dogmatismos.

La primera mesa estuvo integrada por los especialistas Paula Ortiz Gillán, Servando Valdés, Caridad Massón, Angelina Rojas, Rosario Alfonso Parodi, y Jorgelina Guzmán, el eje temático principal fue las «Luchas por derrocar a Batista». En este espacio se sistematizaron las condicionantes sociales que permitieron la articulación de procesos de lucha, pese al gran apoyo de los Estados Unidos al gobierno de Batista, además de las intríngulis y complejidades de las distintas organizaciones que integraron la lucha revolucionaria.

Entre los temas más abordados sobresalieron los posicionamientos ideológicos de los distintos actores y formaciones del momento. Además, fue relevante el tratamiento de las diferencias entre la lucha de la sierra y el llano, el papel de la violencia revolucionaria, las discrepancias en cuanto a los métodos de lucha y las historias de vida de algunos revolucionarios destacados como Fructuoso Rodríguez. Por otra parte, se abordaron elementos del sistema social instituido bajo la dictadura de Fulgencio Batista como el apoyo de los Estados Unidos, las desigualdades generadas por su modelo desarrollista, así como su supuesto apoyo a determinadas zonas de la cultura que terminaban en mecanismos para el defalco y la corrupción.

En la mesa se destacó en concepto abarcador de pueblo enunciado por Fidel Castro, que tuvo la lucidez de evitar las concepciones clasistas y sectarias que muchas veces se abordaban desde los partidos comunistas, para transcender la categoría «proletariado» por una mucho más inclusiva a todos los sectores de la sociedad cubana. Como conclusiones finales se habló del papel de las subjetividades en la historia, así como la necesidad de entender los procesos de lucha revolucionaria como fenómenos complejos no exentos de fallas y contradicciones.

Durante la tarde se inauguró un Graffiti en el muro del ICIC, recordando la visión antimperialista de Antonio Guiteras. Seguida por una mesa con Fran Josué Cabrales, Rafael Hernández, Camilo Rodríguez, Juan Valdés Paz, José Bell Lara y Rafael Acosta de Arriba. El tema central fue la constitución de un nuevo poder en Cuba y las intervenciones abordaron un abanico de temas como el rumbo de las organizaciones revolucionarias tras el triunfo rebelde, el nuevo modelo de participación generado bajo un cambio social y una respuesta hostil por parte de los poderes hegemónicos, el papel de Fidel como líder aglutinador de las ideologías revolucionarias, los cambios institucionales y estructurales en la cuba revolucionaria además el arte y la cultura en los primeros años de la Revolución.

En esta mesa se desarrollaron aristas de nuestra historia como los prejuicios con el comunismo existentes en los imaginarios populares, el papel del PSP en los primeros años de la revolución, el tema de los liderazgos y su encargo en la construcción de una nueva sociedad, la conquista del «status medio» por la mayoría de las personas en los primeros años revolucionarios, la creación por decreto de algunas organizaciones de la sociedad civil y sus posteriores contradicciones.

Fueron elementos esenciales el abordaje del miedo, por parte de la burguesía, de la toma del espacio público por parte de las masas populares. También se asumió la estrategia educativa de la revolución como una forma de participación novedosa en su tiempo que proponía a las personas el conocimiento como vehículo a la emancipación. Por otro lado, se abordaron las contradicciones entre los distintos sectores sociales, ya en la época revolucionaria, que, en determinados momentos, tendieron al sectarismo y la dogmatización. Fue cardinal el tratamiento de la creación de una política cultural bajo el concepto real y tangible de plaza sitiada, que, en la posterioridad, se ha reducido, mutiladamente, a la frase de Fidel «Dentro de la Revolución todo, contra la revolución nada», que representa solo un instante de la compleja reunión del líder revolucionario con los intelectuales, muestra de la intención de construir una política cultural dialógica e inclusiva.

Durante el día fue recurrente la necesidad de propiciar espacios para el debate integrador sobre las diversas historias que convergen en el proceso de construcción de una nueva sociedad bajo la sombrilla de la Revolución Cubana. El taller preponderó una revolución contada por muchas voces, para que el pasado, durante el día de hoy se continuarán debatiendo otras aristas de la revolución en el poder para terminar en un debate que sirva para construir un futuro más plural, inclusivo y participativo.